Lora del Río, 3 de marzo de 2026. La finca pública Dehesa Matallana, en el término municipal de Lora del Río, acogió en la tarde del lunes 2 de marzo la suelta de dos nuevos ejemplares de lince ibérico, Wando y Wadala, dentro del programa de recuperación de la especie en Andalucía. El acto contó con la presencia de la consejera de Sostenibilidad y Medio Ambiente, Catalina García, el alcalde loreño, Antonio Enamorado, y el concejal delegado de Medio Ambiente, Federico Cuevas, además de alumnado de centros educativos del municipio.
Los dos animales fueron liberados mediante “suelta dura” y equipados con collares de seguimiento para permitir el control de sus movimientos y su adaptación al territorio.
Una zona clave para conectar poblaciones
La elección de La Matallana se enmarca en una lógica de conectividad ecológica. El área forma parte de una zona estratégica de conexión entre Sierra Morena y el valle del Guadalquivir, relevante para el intercambio genético entre poblaciones.
La consejera subrayó que los lugares de suelta responden a criterios técnicos y situó el entorno de Setefilla como punto de interconexión entre parajes de importancia para la especie.
Sobre el origen de los ejemplares, Wando procede de Doñana y Wadala del centro de cría en cautividad de Silves (Portugal), vinculando la operación a la necesidad de diversificación genética.
Sevilla en el mapa del lince
La Junta enmarca esta liberación en una tendencia de expansión y consolidación del lince ibérico. Con Wando y Wadala, la provincia de Sevilla suma 14 ejemplares liberados desde el inicio de los programas, y que en el caso concreto de Lora del Río ya serían cuatro los linces liberados en su término municipal.
Las estimaciones sitúan en torno a 105 los linces ibéricos en la provincia de Sevilla, repartidos entre el núcleo de Doñana sevillana y Sierra Morena.
Biodiversidad que también afecta al campo
La suelta tiene una dimensión ambiental evidente, pero también puede leerse en clave agraria. El lince ibérico es un depredador especializado cuya dieta se apoya de forma principal en el conejo, y la estabilización de ecosistemas puede contribuir a reducir picos de población que, en determinadas circunstancias, generan daños en cultivos o plantaciones jóvenes, especialmente en áreas agrícolas del entorno del Guadalquivir, según el enfoque aportado en el texto de contextualización. En términos de gestión del medio rural, este tipo de control biológico se considera un factor que puede disminuir la necesidad de medidas extraordinarias cuando se producen sobrepoblaciones.
Convivencia y seguridad
La recuperación de la especie también abre exigencias de convivencia. La consejera señaló los atropellos como uno de los principales riesgos actuales para el lince e hizo un llamamiento a la responsabilidad colectiva. En la práctica, esa advertencia se traduce en prudencia en carreteras rurales y respeto a señalizaciones y recomendaciones técnicas, especialmente en zonas donde los animales se mueven en las primeras semanas tras la suelta.
Además, la presencia estable del lince puede reforzar el interés por un turismo de naturaleza especializado y respetuoso, una vía de actividad complementaria que algunos municipios del interior observan como oportunidad, aunque su impacto dependerá de cómo se ordene y gestione para evitar presiones sobre el territorio, según el planteamiento de contexto aportado.

