El último disparate de Trump
Hace unos días, Donald Trump dio una rueda de prensa en la que recomendaba a las mujeres embarazadas no tomar paracetamol porque, según él, puede causar autismo.
No mostró ni un solo estudio que lo respaldara.
Y lo cierto es que no existe evidencia científica que sostenga esa afirmación.
Al contrario: decenas de asociaciones médicas y de familias, así como la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), se apresuraron a desmentirlo.
Pero el daño ya estaba hecho: millones de familias escucharon un mensaje que vuelve a poner al autismo en el lugar equivocado.
Señor Trump, basta ya
Soy madre de un niño autista. Y estoy cansada.
Cansada de que, cada cierto tiempo, alguien con poder como usted lance la enésima teoría absurda sobre qué “provoca” el autismo.
Que si las vacunas.
Que si el gluten.
Que si la culpa es de las madres.
Lo único que provocan esos discursos no es autismo, sino culpa y miedo en las familias.
El peso de la culpa en las madres
Cuando usted afirma que una pastilla para el dolor de cabeza puede causar autismo, no está lanzando solo una opinión política. Está reforzando un mensaje dañino: que las madres hicimos algo mal.
Yo misma, cuando diagnosticaron a mi hijo, me pregunté si era porque le había puesto demasiada tele.
O porque un día se cayó en el parque y no me dio tiempo a cogerlo.
Pensamientos intrusivos con los que las madres nos martirizamos sin descanso.
No necesitamos que nadie desde un atril los alimente con teorías sin pruebas.
El autismo no es una enfermedad
El autismo no es un error.
No es algo que haya que erradicar ni evitar.
El autismo es una forma diferente de percibir, sentir y pensar, y muchas veces es también una manera maravillosa de estar en el mundo.
Nuestros hijos no necesitan que se les “cure”. Necesitan que se les respete, apoye y acepte.
La diversidad nos enriquece
La sociedad gana cuando aprende a abrazar la diferencia.
El autismo forma parte de la diversidad humana, igual que lo hacen la creatividad, la sensibilidad o la lógica brillante que muchas personas autistas muestran.
Intentar señalar culpables o buscar “causas” para evitar que existan personas autistas es no entender que el mundo es mejor cuando caben todas las maneras de ser.
Señor Trump, escuche a las familias
Por todo esto, señor Trump, con respeto pero con firmeza: basta ya.
Deje de repetir teorías que dañan y dividen.
Empiece a escuchar a las familias que vivimos esta realidad cada día.
Porque lo único que queremos es que nuestros hijos crezcan sin que el mundo los mire como un error. Queremos que se les vea como lo que son: personas valiosas, únicas y llenas de posibilidades.
Las vacunas no causan autismo.
El paracetamol no causa autismo.
Las madres no somos culpables.
Y el autismo no es una tragedia.
Lo único que necesitamos es que la sociedad —y usted, señor Trump— lo entienda de una vez: nuestros hijos no necesitan menos autismo, sino más aceptación.
Firmado:
Una madre orgullosa de su hijo autista.

