Sevilla, 22 de mayo de 2026. La campaña de cereales de invierno en la campiña sevillana ha dejado de ser una preocupación estadística en los despachos para convertirse en una auténtica emergencia económica sobre el terreno. La plaga de la Mayetiola destructor, conocida popularmente en el campo como el «mosquito del trigo», ha golpeado con una virulencia inusitada a las explotaciones de la comarca, provocando caídas de rendimiento que superan el 50% en el trigo duro. La gravedad de la situación es tal que muchos agricultores ya han tomado una decisión drástica y dolorosa: dejar parcelas enteras sin segar porque el coste operativo de meter las cosechadoras supera con creces el valor del escaso grano que se podría salvar.
Ante este escenario de quiebra técnica para muchas explotaciones, los representantes de ASAJA-Sevilla han mantenido una reunión de urgencia con la Delegación Territorial de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural de la Junta de Andalucía en Sevilla. El objetivo del encuentro va más allá del simple lamento sectorial: se busca un marco de flexibilidad administrativa excepcional que impida que el desplome de la cosecha termine por arrastrar la economía de los municipios agrarios de la Campiña.
Una plaga invisible alimentada por el desajuste climático
El culpable de este escenario es un díptero viejo conocido del campo andaluz, pero cuyas poblaciones se han descontrolado debido a las anomalías climáticas de las últimas temporadas. Las larvas de la Mayetiola destructor se alojan en la base de las hojas y en los entrenudos de los tallos del cereal. Al succionar la savia, debilitan mecánicamente la planta provocando su enanismo, el amarilleamiento foliar y, en última instancia, el «encamado»: el tallo se dobla o se rompe antes de que la espiga complete su maduración.
Los tratamientos químicos tradicionales apenas tienen un impacto real sobre este insecto, ya que la larva pasa gran parte de su ciclo biológico protegida de forma natural dentro de la vaina de la hoja. Históricamente, la mejor defensa del agricultor ha sido el manejo cultural, especialmente el retraso en las fechas de siembra para evitar los picos de vuelo del mosquito. Sin embargo, al igual que ocurrió con los temporales y borrascas que alteraron los suelos a principios de año, los impredecibles patrones meteorológicos y las sequías otoñales han desajustado por completo los calendarios de siembra tradicionales en la provincia, dejando los cultivos jóvenes totalmente desprotegidos ante la plaga.
La lectura local: el impacto en el corazón del granero sevillano
La realidad de esta plaga se mide en el día a día de localidades como Carmona, Écija, Fuentes de Andalucía, La Luisiana, Arahal y Marchena. En estos municipios de la Campiña, el trigo duro no es un cultivo más; es el motor que sostiene a cooperativas locales, empresas de servicios agrarios, transportistas y pequeños comercios. Cada hectárea que se queda sin segar es una pérdida de valor añadido que deja de circular por los pueblos del interior.
Con los costes de producción (semillas, abonos y gasóleo) consolidados al alza tras años de tensiones inflacionistas, obtener rendimientos inferiores a los 1.500 o 2.000 kilos por hectárea sitúa automáticamente la explotación en números rojos. En las zonas más afectadas de la comarca, los rendimientos ni siquiera alcanzarán para cubrir los gastos fijos de la sementera, comprometiendo gravemente la liquidez de las explotaciones familiares y amenazando un relevo generacional ya de por sí envejecido y al límite.
Qué pide el sector: flexibilidad de la PAC y medidas de choque
La principal reclamación que ASAJA-Sevilla ha trasladado a la Delegación Territorial es el reconocimiento formal de situación de fuerza mayor o causa excepcional debido a la plaga. En la práctica, este encaje jurídico es vital para el bolsillo del agricultor sevillano por dos motivos operativos inmediatos:
- Evitar penalizaciones en la Solicitud Única de la PAC: Las normativas de la Política Agraria Común imponen requisitos estrictos de cultivo y mantenimiento para el cobro de las ayudas directas y los ecoregímenes. Si el agricultor decide dejar la parcela sin segar por inviabilidad económica, se arriesga a perder estos ingresos esenciales si no media una declaración oficial de existencia de la plaga, como la que la Junta de Andalucía ya publicó en el BOJA en julio de 2025. Una amenaza que llega en el peor momento posible, cuando Bruselas ya tiene sobre la mesa un posible recorte del 20% en el presupuesto de la PAC.
- Permitir el aprovechamiento alternativo del suelo: El sector solicita autorización excepcional para realizar el laboreo anticipado de las parcelas destruidas o permitir la entrada de ganado ovino para que aproveche el pasto verde residual. Esto aliviaría la falta de alimento de la ganadería local y ayudaría a limpiar el rastrojo para romper el ciclo biológico del insecto de cara a la próxima campaña.
Junto a las flexibilizaciones de la PAC, los agricultores reclaman un paquete de apoyo fiscal complementario, con exenciones en el IBI rústico y rebajas severas en los módulos agrarios para paliar el golpe.
El reto: del compromiso a la ejecución real
El paso dado por ASAJA al elevar la situación a la Delegación Territorial de Sevilla abre la vía administrativa, pero, como suele ocurrir en el medio rural, el factor tiempo es el que terminará dictando la gravedad del daño. Las pérdidas en las fincas de la Campiña ya son un hecho irreversible para esta campaña.
El equilibrio de las próximas semanas dependerá de que la respuesta de la administración autonómica no se dilate en comisiones y burocracia, y que las exenciones y medidas de flexibilidad lleguen con plazos asumibles para unas economías locales que no pueden permitirse otra campaña en blanco.
